martes, 23 de octubre de 2012

Un encuentro inesperado



Esta es una historia sencilla, escrita en tiempo real, a medida que los acontecimientos surgen y con un objetivo claro: intentar que la gente recuerde esa "verdad olvidada" que Saint-Exúpery supo plasmar en El Principito "eres responsable para siempre de lo que has domesticado".

El martes aparentaba ser un día tranquilo. Fue un placer volver a ver el sol después de algunos días lluviosos.   Por la tarde una vecina de mi edificio, amante de los animales tanto como yo, me cuenta bastante apenada que encontró una gata o que la gata la encontró a ella en realidad, ya que intentaba entrar al edificio parada en dos patitas, como si estuviera intentando empujar el vidrio de la entrada principal.



No pudo evitar meterla en una transportadora de animales y subirla a su departamento sin poder seguir de largo ante la indefensa criatura. Teniendo en cuenta que posee otros animales un poco territoriales, así como que no le sobra el espacio, el destino de la gata era incierto. Lo que sí es seguro es que nadie merece no tener nombre por lo cual la bautizó como "Florcita". 

Le dije que la dejara durante una noche en su casa que iba a ver si alguien la estaba buscando ya que no parecía un animal que hubiera pasado su corta vida en la calle. Le ofrecí llevarla al día siguiente a la veterinaria de la zona, una chica a la que le sobra vocación por lo que hace intentando ayudar lo más que puede a los animales callejeros que aparecen y a los eslabones humanos que tratan de hacer algo por ellos. 

Me acosté pensando que los encuentros no son casuales, sino causales y que el mayor desafío no es descubrir por qué nos cruzamos con alguien en la vida, sino para qué sucede.



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