"Para que el mal triunfe, basta con que los hombres buenos no hagan nada". (E. Burke)
La batalla épica con mi señora madre que se negaba a ser parte de la locura de darle tránsito a Flor duró poco unos cinco minutos...intensos. Cabe aclarar que no era por maldad sino porque temía porque hubiera problemas con nuestras otras mascotas. En fin gané yo, será porque me vio demasiado firme o porque la ira de una madre es tan grande como su amor, recién cuando la dejé en mi pieza nos sentamos en el living para hablar como gente civilizada.
Es que todavía me faltaba decirle que la felina en cuestión era como un "huevo de Pascua" venía con sorpresa: un par de gatitos adentro. Mi planteo fue el siguiente: "entiendo que te pueda parecer una locura, pero la vecina no la puede tener, y yo no la puedo dejar en la calle. Está por parir, tiene un carácter hermoso y no se puede defender. Entrá a mi pieza mirala decime si podés abandonarla o seguir de largo. Yo no puedo".
Entró a conocerla. Salió con una expresión más que de enojo de amargura sintiendo una inevitable compasión por la gata que la deslumbró en segundos con ese ronroneo agradecido. Prometí hacerme cargo de todo, como no dejar de estar en el momento del parto, que es lo que a ella más temor le genera. Horas más tarde lo único que le preocupaba era cómo poder dejarla encerrada en mi pieza cuando no hay nadie en casa ya que no tengo la llave de la cerradura. Y Candy mi gata tiene sus años, aunque no deja de ser obsesiva.
Encontré una solución que consulté con mi vecina ya que implicaba usar parte del dinero que ella me había dado para los gastos. Un poco menos de la mitad ya lo había gastado en la bolsa grande de alimento específico para gatitos, no tenía idea de que se les daba este en la última fase del embarazo, y en una bolsa grande de piedras sanitarias.
Tita estuvo de acuerdo con que usara lo que necesitara del dinero para que el cerrajero viniera a quitar la cerradura y me hiciera una copia de la llave. Antes intenté quitarla por mi cuenta para evitar el gasto de la visita del profesional y pagar sólo la llave, pero esos malditos tornillos estaban tan pegados a la puerta que hasta al hombre le costó quitarlos.
Tita estuvo de acuerdo con que usara lo que necesitara del dinero para que el cerrajero viniera a quitar la cerradura y me hiciera una copia de la llave. Antes intenté quitarla por mi cuenta para evitar el gasto de la visita del profesional y pagar sólo la llave, pero esos malditos tornillos estaban tan pegados a la puerta que hasta al hombre le costó quitarlos.
También me dieron una mano en la veterinaria regalándome una caja de cartón, dando algunos consejos básicos y prestándome una litera vieja que tenían (gasto evitado). Por suerte me sobraba un comedero e improvisé con un viejo recipiente de plástico un bebedero. Ahora ruego porque todo se desarrolle normal.

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